EL AGUA
Este elemento, antaño abundante, ahora escasea. Y siendo
como es fundamental para cualquier sistema natural, no se puede
derrochar agua en la producción de algo con tan poco
rendimiento como el monocultivo de la patata en vez de preservarla
para usos de agricultura tradicional, mucho más respetuoso
con el medio, que permite un paisaje armonizado y que, sin duda,
compensará mucho más en el futuro.
Hay quien ya llama a la Limia la meseta gallega.
LAS PATATAS
A pesar de los gastos realizados en la remodelación
de las estructuras agrarias y del cambio radical en las formas
de procucción, la patata no logró sacar a la Limia
de su depresión. El monocultivo, aparte de provocar una
mayor dependencia económica, imposibilita la viabilidad
de otros cultivos agrarios de creciente demanda. Por el contrario,
el cultivo intensivo de este tubérculo precisa enormes
cantidades de fertilizantes y otros productos químicos,
que además de ser nocivos consumen mucha agua. No olvidemos
que por culpa de estas prácticas y del abuso del regadio
de la patata cada verano la Limia se muestra materialmente seca.
EL DINERO
Parcelar, además de ser anticuado, resulta caro. Una
parcela tiene un coste aproximado de 6000 euros, sin contar
con los gastos de los agricultores en la maquinaria necesaria
para cultivar tanta extensión. Muchos paisanos, al volver
de la emigración, tuvieron que empeñarse en créditos
para comprar la costosa maquinaria agrícola. Es por esto
que el Estado tiene que conceder a los productores fuertes subvenciones
para que puedan salir de la crisis que provocan los bajos precios
de las patatas. Resulta pues que el dinero de todos se invierte
tanto en las concentraciones parcelarias como en las subvenciones...
La pescadilla que se muerde la cola...
EL FUTURO
¿Qué se puede hacer para corregir el desequilibrio
causado? Está bien claro: retornar a la manera tradicional
de producción, potenciando una agricultura diversificada
y extensiva que fue la que dio de comer a los limianos durante
cientos de años. Así, es urgente afrontar una
reforestación rigurosa con el objeto de moderar el clima
y retener el agua. La propia renovación del paisaje generará
riqueza debido al valor en alza que hoy tiene el turismo rural
y la explotación de productos autóctonos de calidad.
Por último, debemos conservar, a toda costa, el ecosistema
agrario tradicional y los humedales de Rairíz de Veiga,
pues constituyen los últimos reductos que nos sirven
de partida para la recuperación del potencial ecológico
que poseía antaño toda la comarca de la Limia.